lunes, 18 de julio de 2011

Tiempos I y II

 

 

Tiempos

                                                                                     A.A.

 

Había muerto un amigo. Cuando me encontré con Hugo le dije: "Viste que murió Juan".

El me miro apenas y como es su forma, miró hacia un costado con esa mirada que nunca se sabe hacia donde se dirije y me dijo: "Sí che, lo que pasa es que nosotros ya estamos entrando en la línea de fuego". Y en su boca se marcó casi imperceptible algo que podría ser el esbozo de una sonrisa.

Era así, el decía una verdad incontrovertible y le daba un tono donde la muerte que habíamos mentado se alejaba y dejaba paso al humor.

Ese "nosotros ya estamos entrando en la línea de fuego", que luego he pensado tantas veces me hizo conciente en mayor medida que antes, que de lo que se trata es de un tiempo diferente.

No es lo mismo la alegre despreocupación de un joven que camina por la vida como si nada pudiera pasarle. De ahí tal vez que a veces se pongan en situaciones que los llevan a desenlaces hasta trágicos.

No es lo mismo caminar por el campo y detenerse a mirar y tratar de alcanzar a una mariposa, que aquella escena de una vieja película que hizo época, "Sin novedad en el frente", cuando un soldado extiende la mano para alcanzar una mariposa levantándose un poco sobre la línea de la trinchera y, por estar en la línea de fuego, encuentra la muerte.

Pero no se trata de que ese cuidado sea excesivo, como no se trata en el joven de la despreocupación que lo puede poner en el límite, sino, más allá de lo que hagamos y cómo vivamos, tengamos clara conciencia del tiempo en que vivimos, que no es como cualquier otro.

Es un tiempo acotado. Tengo setenta años que no es lo mismo que tener veinte o treinta.

Y el cuerpo va enviando señales de que hay cosas que ir dejando, sean deportes u otras actividades que exigen cierto despliegue físico.

Entonces surge el interrogante sobre qué proyectos emprender en estas nuevas condiciones. Porque de eso se trata, o tenemos proyectos o nos arriesgamos a que nuestros sistemas se deterioren más rápido.

Como decía aquel loco genial: "La vida es irrespetuosa y deseosa de si misma", por lo que el problema no es de la vida sino de que nosotros aceptemos, más allá de nuestros narcisismos, que la vida merece vivirse siempre, aún cuando nuestros despertares traigan los dolores de la artrosis que avanza. En vez de lamentarnos, podemos hacer unas elongaciones, entrar un poco en calor y hacer que esos dolores se vayan.

De todos modos, eso que el tiempo le hace a la vida, eso que se vive, que se siente, es una manera. Pero hay otras que se dan en forma larvada e imperceptible.

Es lo que cuadra al dicho de aquel poeta español cuando exclama: "cuan pronto se va el placer, cuan pronto se va la vida, cuan pronto viene la muerte tan callando".

A veces es así cuando uno va por la vida sin preocupaciones y de pronto, en un control cualquiera te dicen que tenés eso. En el peor de los casos eso que las abuelas no podían pronunciar y mencionaban con gesto trágico: "y, tiene una cosa mala…"

Esa cosa mala, venía trabajando en silencio y seguirá trabajando en silencio, y contrastará con el ruido infernal que introduce en nuestras vidas. Ese ruido que introdujo en mi vida hace diez años y con lo que sigo peleando.

Entonces puede ser la edad de la entrada en la línea de fuego en la cual se produce este impacto o puede ser en otro tiempo, de todos modos no cambia demasiado la necesidad de decidir si uno lo va a pelear y de qué manera.

Pero tomarse a pecho aquello de "trabajar como si fuese a vivir cien años, vivir como si fuese a morir mañana", requiere que el deseo fluya y encuentre su consistencia en algún proyecto para este tiempo, el de estar en la línea de fuego, el de la jubilación, el de los dolores artrósicos o el de aquello que trabaja en silencio.

La verdad es que a pesar de todo eso, el deseo, si lo dejamos, siempre fluye y nos permite ver y sentir que las cosas hermosas de la vida siguen estando ahí, aunque en el pensamiento de muchos jóvenes, los viejos no tendrían porqué sentir ciertas cosas. Es un "viejo verde" dicen si mira a las mujeres (pareciera que si mira a los hombres no se nota). Esa opinión discriminatoria suprime lo que decía, que el deseo no tiene edad y siempre fluye de la misma manera, a los quince, a los veinticinco o a los ochenta y cinco.

Y el problema es siempre el mismo: cómo hacer lo que deseo con lo que tengo. Y esa relación siempre tendrá que ver con la teoría del vaso medio lleno o medio vacío. La primera opción me permitirá sentirme bien con eso que tengo, potenciarlo y avanzar. La segunda, aunque sea un Adonis, me sumirá en el sufrimiento y en la paralización.

Eterno dilema entre vivir según la potencia que late en mí y me hace vivir o según la carencia, la falta, que lo menos que puede hacer, es oscurecer la vida.

Nuestra pertenencia a este occidente cristiano nos sitúa en este oscurecimiento con la promesa de que la iluminación vendrá después, en la otra vida.

Cuestión muy conveniente al poder porque entristecer y dominar son correlativos.

Un poco diferente de ese otro pensamiento que expresaba aquel viejo y sabio indio Yaqui y que nos sitúa de otra manera cuando dice: "el guerrero enfrenta la batalla como si fuera la última, sonriendo…"

 
 
 

Tiempos II

 

Como decía Hugo, estoy en la línea de fuego, y es lo que yo también pienso.

En la línea de fuego nos dice, entre muchas otras cosas, que en la vida, se va instalando una línea de precariedad entre el vivir y el morir.

Pero entre lo que yo pienso y lo que dicen y actúan los más cercanos, se ha venido produciendo un hueco que no sé si podrá llenarse.

pensamientos en la esfera se mi solo fuero interno.

Pienso por mi parte que estos últimos años han sido difíciles pero muy interesantes y así es que cuando allá por fines del milenio aparecieron los signos de un tumor de próstata, se acumularon miedos y expectativas.

Como primera cuestión apareció el problema que los médicos me plantearon la intervención quirúrgica, pero no me daban seguridad sobre los posibles efectos secundarios.

Mi primera decisión fue no operarme. Le dije a uno de ellos que Cristo había dicho que es mejor entrar cojo al reino de los cielos que completo al infierno. Bueno, que yo prefería entrar entero al infierno que eunuco al reino de los cielos.

Luego, gracias a la recomendación de José Luis, encontré la posibilidad de otro tratamiento, menos intrusito, que viene funcionando desde hace 10 años.

En ese tiempo y a posteriori, se instaló el interrogante sobre mi sobrevida, cuestión que sigue ahí pero menos acuciante.

Ahora, arañando los 71, me digo que he vivido, confieso que he vivido memorias, como decía el poeta. He plantado árboles, he escrito libros y he tenido hijos, porque amé y fui amado. Aciertos. Como he acertado en otras decisiones y me he equivocado en otras, las más.

Ha pasado el tiempo en que eran importantes cosas que hoy ya no lo son, estudiar, investigar, escribir y también participar en actividades sociales y políticas. En lo que tal vez incidió la necesidad de trabajar en la educación.

Hice lo que pude, no todo lo que podría haber hecho debido a que nunca pude dejar el mundo de los artesanos. Creo que siempre fue un compromiso a medias con lo intelectual, espacio que nunca me resultó demasiado satisfactorio.

Ahora ya no creo que sea importante lo que puedo transmitir, que es más un juego, aunque la necesidad de persistir en la escritura sigue teniendo su peso. Juego conmigo mismo y lo que me surge entre los cruces de la realidad, mis ideas, mis sentires y lo que aparece como tema sin saber casi nunca cómo y porqué cómo se hace presente.

Estoy bien con mis hijos aunque me preocupa que no resuelvan sus situaciones de pareja a pesar de los intentos que hicieron y la relación con Pablo, a veces difícil por esa cosas que le sale tipo tóxico biberón, molécula rabiosa y basilisco sobre todo cuando le reprocho algo.

La relación de pareja sigue por cauces que no entiendo, en una situación de ser y no ser al mismo tiempo.

Creo que cada vez veo menos del mundo y me siento cada vez más invisible, y me parece que es un movimiento, no el mejor, hacia el final.

Los más cercanos hacen su vida y si yo estoy o no se va pareciendo cada vez más a una cuestión abstracta.

Tal vez sea también porque mi mundo se ha ido achicando, y ahora es muy chiquito: habitación, compu,  leer periódicos, alguna lectura, algún borroneo con destino al periódico o a algún cajón donde quedarán arrumbados, salir a comer y al cine más algún paseo o viaje con María del Carmen.

Creo que me preocupa menos morir que vivir mal y el problema es que vivo mal, eso es lo seguro y vuelve a hacerse real el camino hacia aquello que alguna vez escribí: sólo mi soledad es cierta.

En aquel entonces creo que lo sentía como un peso, como algo negativo que implicaba sólo sufrimiento.

Hoy creo que no es tan así, sobre todo si puedo lograr que sea esa soledad "para", la soledad que apunta a las fugas como posibilidades de producción que aún quedan.

 

Hasta aquí: octubre 2010.

Durante el período de las varias chiripiorcas que he tenido en estos meses.

 

 

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