Jergas entre mayorías, minorías y mercado
(Con reconocimiento a los bares de la Sibería, Riel, Piluso y Chinchibira donde se fueron borroneando estas ideas, en soledad o en conversaciones con algunos nómades esquizos y con otros que andan sueltos por ahí y que son más esquizos todavía. Ellos son en realidad los coautores de las mismas)
En las conversaciones entre amigos y conocidos que se vienen dedicando a desarrollar una formación consistente sobre los aportes de Deleuze-Guattari y de otros que se ubican en el territorio del esquizoanálisis y eventualmente en intercambios en diversas instancias como grupos, seminarios, cursos y jornadas, viene apareciendo el tema de quienes se expresan en una jerga deleuziana.
Signos del temor de que ello implique la banalización de ese pensamiento profundo y complejo.
Sin embargo, no es un tema que pueda quedar en dichos temores sin ir un poco más allá, porque ello podría implicar una banalización de otro signo.
Nadie intenta apropiarse de un discurso o de aspectos del mismo, aunque ello no implique realmente la apropiación de un pensamiento, si no se juegan aspectos significativos para las vidas, los cuales pueden ser más o menos oscuros y criticables, desde la seducción a la captura de clientes.
Este problema plantearía tal vez el interrogante sobre quienes podrían asumir este discurso y en qué se asentaría ese supuesto derecho. Si no es cualquiera, entonces quienes.
Los autores han planteado muchas veces que este hacer y este pensar nos sitúa en una minoría y en general en grupos más o menos dispersos y poco institucionalizados que, en su conjunto puede sumar a muchos aunque la idea de su conjunción se ve como remota.
Creo que es importante reflexionar sobre esto para aventar sobre todo la idea de que minoría pueda referir a un destino de elite incomprendida por las masas intelectuales que no siempre demuestran inteligencia, sino que asumir esta posición implica la necesidad de, además de la crítica profunda al pensamiento dogmático, confrontar constantemente con nuestra máquinas deseantes y las consecuentes líneas de fuga productivas y creativas que nos posibilitan siempre salirnos de los territorios que excesivamente organizados que tienden a constituir líneas de cierre y por ende de improductividad.
Tal vez aluda también a que las líneas creativas traen lo diferente, lo cual siempre es menor respecto de lo idéntico que se correlaciona con aquellos planos de organización, rígidos, piramidales que por diversos caminos remiten a algún Uno absoluto., Dios, Estado, nación, pueblo o identidad.
A este sentido podrían remitir lo que Deleuze-Guattari denominan devenires revolucionarios de la gente a diferencia de la idea de revolución que siempre ha tendido a la toma del poder para constituir otros rostros de lo mismo. Devenir revolucionario que siempre se desarrolla en lo micro, en los territorios existenciales concretos, que siempre innovan y producen cultura, ponen en evidencia la autocreación de sujetos que ya no vuelven atrás en su vivir.
Entonces, una jerga, como ese hablar que cuestiona a las matrices impuestas, al lenguaje instituído, si se funda en aquello y nos hace vivir y actuar para componer con otros espacios de libertad y de composición de lo común, no debería ser un problema. Porque a veces se requiere el apropiarse de palabras y asignarles nuevos sentidos, otras se hace necesario crearlas. Si ella hunden sus raíces en acciones y pensamientos consistentes pueden ir incluyéndose como palabras tomadas por el uso. Si ello ocurre, será signo de que algo cambia.
Pero si ello se teme, se vive como problema, es porque a nuestro espíritu vienen sucesos de nuestra historia y de nuestro presente que tienen que ver con ello.
En la historia del campo psi en Rosario, aparecen estos problemas en sucesivos pasajes de dominancias discursivas, aunque ciertas bases filosóficas de esos discursos permanecieran siendo las mismas.
Es lo que analicé hace ya casi un cuarto de siglo en el libro "Psicología en Rosario. Una crónico de recuerdos y olvidos". Sobre todo en psicoanálisis, en sucesivos momentos hubo desplazamientos masivos de unas a otras posiciones. A un período freudiano ortodoxo, le siguió uno kleiniano y a éste el período lacaniano. Período de cambios de jerga aunque no en cuanto a matrices del pensamiento, y aquel tributario del platonismo-hegelianismo siguió incólume.
Sí hubo cambio en posiciones políticas en tanto muchos que se asumieron como progresistas anche revolucionarios en los 70, devinieron portavoces de discursos bastante cerrados y represivos que en muchos casos se superpusieron a los de poder político vigente. Y de ellos existen popes que lo fueron del freudismo, del marxismo y luego del lacanismo.
Algunos se dice que comienzan a mencionar a Deleuze y no nos extrañaría que en algún momento quieran subirse a la cresta de la ola como lo hicieron tantas veces. En este como en otros casos, aparece la jerga en ese sentido de transmisión jeroglífica que establece un dominio sobre los interlocutores. Estos por su parte suelen adoptar esa jerga yo no a partir de una introducción o desarrollo de un nuevo pensar, sino por pereza intelectual facilitada por esa relación de captura. Lo decía una profesional, docente universitaria en oportunidad de la conferencia de uno de esos popes: "No entendí nada, pero me fascinó".
Pero el temor viene también de lo que sucede en sectores que reivindican este pensamiento, donde la jerga y la toma de posición se utiliza según los ámbitos en que se encuentren, situándose como esquizoanalistas en un lado y como psicoanalistas en otro. En un caso, ante este interrogante alguien respondió: "Es que si me defino como esquizoanalista pierdo los pacientes".
O también estuvo el bochorno del Primer Encuentro en Uruguay, donde los organizadores se colocaron en todos los lugares destacados posibles, en una construcción piramidal que negaba lo esencial de este pensamiento.
En ambos casos se suman el deseo de prestigio, de poder institucional y de poder económico, mercado mediante. Se aúnan entonces jergas, deseos de controlar a una mayoría y mercado.
No sé si verán o si en realidad les interesa el hecho de que, capturados en esos deseos que hacen a la esencia del sistema capitalista, incluido lo que éste retoma y redefine de las instituciones de sociedades despóticas, difícilmente puedan ser consistentes con este pensar y mucho menos asumir devenires revolucionarios, como también pretenden hacer creer.
De todos modos, teniendo en cuenta la mayoría en un sentido numérico y la dominancia institucional puede observarse el predominio de la distancia o el rechazo de este pensamiento. En otros casos aparece una lectura sesgada de ciertos textos y el esfuerzo por situarlo en supuestas equidistancias o coincidencias sobre todo con el pensamiento psicoanalítico.
Sucede algo parecido a la primera época del ingreso del psicoanálisis en Rosario, cuando un profesor de filosofía, católico y conservador decía que lo que Freud proponía ya estaba en San Agustín. O lo que hoy, el intelectual mediático que habla todo de todo, Sizek, dice sin ningún empacho que Deleuze es lacaniano, en una afirmación tramposa como muchas de las que suele emitir aunque difícilmente sostenible, como tantas otras.
O sea que si uno lo sabe ver, todo lo que aparece puede reducirse al pensamiento de aquel que supuestamente ya lo pensó todo. Aquel que se constituye en paradigma de un mito y como tal, no puede sino aplastar todo devenir posible de las ideas y de la posibilidades de un pensamiento que nos permite algunas fugas creativas.
El gran problema para nuestro pensar es entonces la posibilidad de seguir en una producción que pueda situarnos en el camino de quitar consistencia a esos mitos, cuestión nada sencilla por otro lado, porque no se trata de la discusión teórico-académica encerrada en sí misma, sino de la práctica implicada en lo existencial, sin lo cual ningún pensamiento consistente es posible.
Y la práctica que propone el esquizoanálisis, o cartografía clínica, o estratoanálisis o micropolítica o como quiera llamárselo, implica como primera tarea en cualquier nivel de la misma, la destrucción de los mitos que operan en su función de aplastar el deseo. Son esos que van desde Dios, al líder carismático, al papa de palabra infalible, al padre en cualquiera de sus figuras o al yo. Aunque de lo que se trata en esencia es de esa correlación que ha signado la vida de occidente entre Dios y el yo, aún cuando existen múltiples intercesores. La famosa muerte de Dios implica esa muerte del hombre sagrado y construido con referencia a un uno absoluto.
Es el camino al advenir de un ser humano otro, como fragmento de una multiplicidad-multitud en la cual se mueven al infinito todos los componentes de un mundo impensablemente rico y del cual no existe patrón que lo domine.
Así también, desde la práctica clínica con individuos, grupos u organizaciones a la práctica propiamente política podemos observar producciones que se van situando también en un más allá de Deleuze-Guattari, aunque incorporen conceptos que le son medulares.
Un ejemplo interesante es el de Toni Negri, quien, luego de su intensa experiencia de lucha política, de la cárcel, y en el exilio, se relaciona con estos pensadores, toma conceptos de Deleuze y Guattari, trabaja con éste en textos muy importantes, como "Las nuevas alianzas", del año 1985, un especie de prefiguración de "Imperio". Pero a su vez hace una lectura propia y rica de Spinoza y por fin retoma Marx en el libro "Marx, más allá de Marx", en una lectura minuciosa y original que a su vez hace necesaria la relectura de Marx por quienes no conocieron un texto fundamental como los "Grundisse", casi desconocido hasta mediados del siglo pasado y que muchos teóricos del marxismo nunca tomaron en cuenta.
Es un más allá de Deleuze-Guattari en cuanto al análisis político en su sentido amplio y es también un más allá de Marx y que sin embargo lo hace más respetuoso del mismo.
Es interesante consignar que Deleuze esbozó también ese paso para colocarse en un más allá de Marx, a partir de sus clases entrados los años setenta.
Sin embargo, en una de sus últimas entrevistas dijo que él era cada vez más marxista.
Aparente paradoja de ser según una referencia y sin embargo ir más allá. Tal vez ese ir más allá sea la condición de no renunciar a la propia producción y no caer en un pensamiento que reduce todo a lo dicho por aquel que supuestamente ya lo pensó todo y ya lo dijo todo.
Entre nosotros hay también mucho de ese más allá en la producción de gente como las del Colectivo Situaciones, quienes con muchas de esas referencias filosóficas, conceptuales y políticas, vienen realizando una articulación muy productiva a través del diálogo y la participación en luchas que vienen produciendo sectores como los piqueteros, experiencias de recuperación de empresas y otros movimientos.
También es muy ilustrativo el caso de la Universidad Transhumante, motivo del última libro del Colectivo Situaciones.
A diferencia de otras experiencias, ésta se va desarrollando a partir de ideas y aparatos conceptuales que tienen otras bases, pero que a través de su experiencia y la incorporación de otras lecturas y relaciones fueron modificándose y enriqueciéndose. Hacen un lectura que puede leerse también desde la perspectiva que nosotros tomamos y a su vez, algunos de ellos han expresado que nuestros aportes los han enriquecido.
En fin, esto nos muestra que de uno y otro lado aparece la posibilidad del pensar a partir de diferentes experiencias. Tal vez en ese fondo oscuro donde se mueven la multiplicidades con sus diferencias irreductibles y su riqueza impensable, hayan flujos de ideas que se crucen de muchas maneras pero que constituyen un sustrato problemático en relación con el cual, experiencias, afectos, sentimientos, pasiones dan vida a este crecimiento rizomático de grupos, movimientos, colectivos que en el plano de la lucha social, del trabajo, de nuevas formas de sociabilidad, de la política, de la producción intelectual van sumando a la creación de un mundo donde quepan muchos mundos, un mundo de mayor equidad y de aceptación de las diferencias.
Alberto Ascolani
Rosario, agosto de 2005
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