Alberto S.E.Ascolani
Subjetividad y política *
Este es un tema muy presente en las reflexiones sobre lo social y se puede tomar de muchas maneras, así que esta es una de las infinitas posibles, nada más.
Voy a realizar sólo un punteo del tema, incompleto por otra parte. Tal vez un programa, seguramente destinado a ser sobrepasado por la realidad, como es el destino de todo programa.
Solo una aclaración sobre aspectos no totalmente claros. Cuando hablamos de "subjetividad y política", tomamos ese término en sentido colectivo y no individual, aunque ella se pueda expresar en sujetos individuales como una de tantas instancias donde aquella se encarne.
Pensamos la idea de subjetividad como aquello que remite a expresiones de maneras de percibir el mundo, de hacer, de aprender y con ello de elaborar conocimientos, que tiene su fundamento en la multiplicidad de componentes y niveles que nos constituyen y que son los que captan lo problemático de la realidad y nos permiten formularnos preguntas y problemas.
En ese sentido, subjetividad no alude a un conocimiento que se halla en menos respecto de lo objetivo.
Ese percibir, esa capacidad de hacer, de aprender y de elaborar conocimientos, se expresa también en la capacidad de decir, que se da en cualquier instancia donde la multitud se mueva con libertad y autonomía. Conocimiento silenciado por las máquinas de poder para hacer aparecer que el saber debe remitirse solamente a una clase.[1]
Luego veremos que la multitud puede ser capturada por aparatos de poder que la alienen a ese saber-poder que remite a un absoluto.
Había pensado este problema, siguiendo lo anterior, como presentándose con dos caras. Una, tal vez sea la más visible en muchos aspectos y en algunos sectores, que es la subjetividad alienada, capturada por los factores de poder que escribieron a través de las épocas lo que yo llamo "la novela de occidente". Iglesias, poderes políticos y económicos, derecho.[2]
El poder y el saber, en esta cara, pertenece a los representantes de algún saber-poder absoluto.
Por lo que en esta perspectiva, los demás no tienen si saber ni poder, cuestión que tiene sus efectos.
Uno de esos efectos es algo que desde hace mucho tiempo se viene percibiendo y que hicieron surgir preguntas como la de Spinoza cuando dice, porqué las masas luchan tanto por su esclavitud como si fuera su libertad.
O Wilhem Reich cuando decía que las masas alemanas habían deseado el nazismo.
Hay un libro de Pierre Legendre, El amor del censor, que tiene como subtítulo "Ensayo sobre el orden dogmático", donde intenta analizar cómo se propaga la sumisión, transformada en deseo de sumisión. Dice al comienzo: "La gran obra del poder consiste en hacerse amar". Sería tal vez, amor al censor, por el supuesto amor del censor hacia todos. Este sería el gran triunfo de esta manera de pensar la realidad del mundo y la realidad de la política, lograr ese amor.
Hay una larga historia de estos amores y algún triste presente. Hoy nos preguntamos porqué tantos siguen amando a Menem, porqué aman a Bussi, torturador y asesino, porqué aman a Patti, torturador y asesino.
Spinoza diría, también respondiéndose de alguna manera, que esto tiene que ver con la fabricación de individuos pasivos al poder y por lo tanto tristes y despotenciados. La necesidad de estos poderes es promover la tristeza porque la tristeza despontencia, quita fuerzas al pueblo, a la multitud.
Esto se refiere a esas relaciones que vienen desde milenios y que varios siglos atrás ya suscitaban esas preguntas, y otras que se han dado en tiempos menos remotos y otras que siguen sucediendo.
Si hacemos una breve revisión desucesos del siglo XX, podemos decir que hemos pasado por ciertas ficciones y engaños nacionalistas. Algunos más viejos, como los nazis y los fascistas y otros populistas como efectos las crisis del capitalismo. No surgieron por casualidad. No fue porque algunos malos, locos o perversos quisieron estar ahí, sino porque el capitalismo los necesitó para poder recomponerse.
Y entre nosotros se dieron situaciones que deslumbraron a muchos. Casa, trabajo, alimento, salud, educación. Eran cosas muy importantes, pero, en alguna medida, esto fue a costa de la factura más cara que un ser humano puede pagar: se pagó con la libertad de pensar, de hablar y de actuar en defensa de la propia dignidad, que no es tal si esas posibilidades no se dan. Defender sus condiciones de existencia desde su propia autonomía. No la de defender al líder, sino esa autonomía de hacer y pensar más allá de toda estructura burocrática y de idealizaciones capturantes y alientantes.
En nuestros país eso pasó hace cincuenta años y hay muchos que siguen en ese proceso de adoración a ciertos líderes muertos y a otros vivos, aún cuando de éstos últimos, sólo se puedan contar daños.
Por otro lado tenemos el discurso de la ambigüedad democrática, como lo he denominado[3]. Derechos políticos, importantes pero parciales a través del sistema de representación. "El pueblo no delibera ni decide sino a través de sus representantes".
Y por otro lado, esclavitud en lo económico, dicho hoy como despotismo de la producción y del mercado.
Este es el gran engaño de nuestra democracia. Creemos que somos libres para elegir, democracia de un día, cuando votamos. Luego el representante puede hacer lo que se le dé la gana. Puede cometer las peores perversiones y nadie lo puede tocar.
Esto constituye un traslado del carisma sagrado de los gobiernos sacerdotales, de las monarquías por derecho divino y aristocráticos. No es algo que digan los teóricos de la política, pero eso está en la democracia. Los funcionarios tienen prerrogativas que son derivaciones de la concepción teológica de la vida. Sinó piensen en las "investiduras", en los "fueros especiales" o en las partidas reservadas.
En fin, continuidad de la captura por el pensamiento de lo uno y de la representación, sea el poder político, de las iglesias, de las derechas o las izquierdas institucionales. No nos engañemos, porque eso está también de este lado.
Guattari diría que son las contradicciones entre las catexias de interés que pueden ser muy revolucionarias y las de deseo que pueden ser muy reaccionarias[4].
Esas catexias de interés, ligadas a lo que puede formularse discursivamente, pueden promover valores como los de igualdad, justicia, cooperación y otros. Sin embargo, las concepciones políticas y estratégicas pueden ser equivocadas. Precisamente, hay aspectos de ese nivel de ideas que se articulan con las expresiones de las catexias de deseo, en las cuales la asunción de roles despóticos surgen constantemente.
De esa manera el efecto puede ser la postulación de: un líder, sea persona, sindicato o partido. Una estructura piramidal. Una estrategia. Un sujeto: la clase. Sólo la consideración de condiciones objetivas.
Es así que en esas perspectivas, las condiciones subjetivas no aparecen y cuando lo hacen porque la realidad las impone, son resistidas tozudamente.
En fin, por la derecha o por la izquierda, con nuevas figuras, lo que aparece es una continuidad de la captura por los mitos fundantes que articulan principalmente el poder del padre, la estratificación social y la distribución desigual de la riqueza[5].
Figuras: desde la del Dios padre, a la filosofía de lo uno y de la representación, a los sistemas políticos basados en la representación, a las ciencias sociales en las que constantemente reaparecen infisionando las estructuras teóricas.
Si pensamos en lo anterior, un acontecimiento como fue la movilización en Argentina y sobre todo el "que se vayan todos", expresión que ha recorrido el mundo y el tomada en los más diversos territorios como una fuerte consigna. Livianamente criticada por haberse pensado que, en lo inmediato, era imposible de lograr.
En realidad, creo que esa consigna no dice que se vayan estos políticos, ahora, sean fulano o mengano, sino que se vaya el representante, que desaparezca ese lugar de privilegio injustificado que quita al pueblo el derecho inalienable de debatir y decidir.
Esta situación nos cuestiona, nos obliga a pensar, buscando otros caminos. Uno sería pensar esta composición de fuerzas de otra manera, tal vez superando lo que Perry Anderson denominó "la miseria de la estrategia"[6]. Miseria estratégica que se empeña en seguir pensando solamente en un sujeto de la historia, cuando hoy hay muchos.
El problema entonces es cómo pensar otras estrategias, cómo pensar que antes son los acontecimientos y después el pensamiento. Primero es el hacer de la gente y luego la posibilidad de pensarlo.
Porque en el hacer mismo aparece un pensamiento muy profundo.
Esto nos lleva a pensar en el rostro de la otra historia, a veces oculta, siempre reprimida. Son las acciones de resistencia de la multitud y del pensamiento. Y aquí encontramos historias remotas, historias cercanas y otras actuales.
Precisamente la resistencia que hoy aparece dispersa en todo el mundo tiene que ver con esto. Y es lo que está haciendo pensar en otra subjetividad y por supuesto en otra política.
El problema es que los que estamos en ciertos lugares sociales, especialmente la clase media, estamos fabricados más para obedecer a esa filosofía de lo uno absoluto y de la representación que para actuar y pensar en esta otra perspectiva. O sea que es un trabajo mayor para nosotros que para otros.
No por nada mucha de la producción en ciencias sociales es muy pesimista. Esa producción viene de la clase media intelectual. Una clase que ha venido cayendo desde hace mucho tiempo y que vienen generando una gran confusión. Es que los intelectuales de la clase media, cada vez más desclasados, más excluídos y deprimidos hablan como si todo el mundo fuese así, pero resulta que no todo el mundo funciona así. Creo que ha instalado un malentendido a nivel de las relaciones sociales y a nivel de la comunicación que depende de los grandes medios masivos.
A pesar de la política de supresión en la mayoría de los casos y de distorsión negativizante en otros de esa presentaci en los medios masivos de comunicación, hoy la potencia y el poder de la multitud ya no se puede negar fácilmente. Potencia que se expresa principalmente en los movimientos sociales, pequeños y grandes, esparcidos por el mundo, sin una aparente estrategia común y sin embargo produciendo acciones estratégicas que los grandes poderes no han podido controlar.
Precisamente, en la acción, los movimientos se muestran como agenciamientos colectivos de enunciación y correlativamente se constituyen en productores de nuevas subjetividades[7].
Además, existen producciones que hoy intentan pensar esos que podríamos llamar devenires revolucionarios más allá del poder.
Aparecen en este espacio problemas interesantes en los que yo he estado insistiendo, porque en estos intentos de pensar de qué se trata lo que está pasando en el mundo, cual es el sentido de la aparicición de la acción de los movimientos sociales, que en su dispersión sostienen reivindicaciones de todo tipo.
Hay quienes están de acuerdo, se identifican con ellos, pero que sin embargo, en una continuidad de ese atrapamiento por el pensamiento de la filosofía heredada, como diría Castoriadis, lo intentan pensar desde una ontología negativa. Ahí el peligro es recaer en la concepción de un ser primero, sea Dios o el Capital. En este lugar estaría John Holloway, que es una especie de vedette en estos momentos. Dice cosas muy interesantes, pero creo que llega un límite que es el de la dialéctica, el de un pensamiento marxista que, a pesar de ser reinterpretado, sigue cayendo en la atribución del ser a un otro absoluto.
Creo que se trata de un límite a la posibilidad de profundizar en el pensamiento, porque al tomar el grito que dice no como negativo, sitúa fatalmente la resistencia como un segundo momento, derivado de la existencia de ese ser primero.
Algunos preferimos tomar lo que podría caracterizarse como una ontología de la afirmación, que implica una filosofía intempestiva, una filosofía del porvenir que imagine ese comunismo negado hasta ahora. Spinoza, Nietzsche, Deleuze, Guattari, Negri se ubican en esta línea.
Algunos lo dicen indirectamente y otros directamente, como es el caso de Guattari y Negri. En cuanto a de qué se trata ese comunismo, estos autores en un análisis de la coyuntura escrito en 1985, que se titula "Las nuevas alianzas" dicen que piensan el comunismo como: "conjunto de las prácticas socialeas de transformación de las conciencias y de las realidades en los niveles políticos y sociales, históricos y cotidianos, colectivos e individuales, conscientes e inconscientes"[8].
No es el comunismo que tal vez hemos pensado, ni eso que se decía del socialismo "real", que no tenía nada que ver con esto, porque era más bien una forma de negación de ese comunismo. Por eso Guattari lo llama, creo que con razón, "capitalismo de Estado" y no socialismo.
Es un pensamiento que piensa el ser como material, el ser como revolucionario. El ser por ser, el ser deviniendo, haciéndose en la vida, en la lucha.
Hay acá la idea de una afirmación primera, la potencia de la multitud, en libertad y en una ética del común que son las formadoras del ser y del saber. Entonces, potencia, poder, acción, ética, ser y saber, creo que sería la secuencia a pensar.
Y también está la voluntad, la decisión, la decisión de ser. Hay un trabajo interesante de Toni Negri que se titula "Decidir un sujeto"[9]. Decisión de ser para un devenir revolucionario que opera aunque la revolución no se visualice.
Esta es una idea importante planteada claramente por Deleuze y Guattari en Mil mesetas[10]. Si bien es difícil hablar de revolución, no se puede dejar de hablar de un devenir revolucionario, que es lo que se produce en la vida, en las luchas, en la acción de los movimientos y que implica cambios irreversibles. Tal vez momentos de una revolución que se está construyendo y sobre la cual no tenemos una teoría que nos provea de categorías no contingentes que nos permita preveer cual será ese futuro ni en qué tiempo.
Es la revolución de la potencia de la multitud contra el poder. Como contrapoder.
Bien, de Spinoza y lo que sigue, y los que siguen, voy a leer dos frases de otro libro recomendable que se titula Spinoza subversivo[11]. Respecto de lo que se plantea de esta manera dice que con ello "se hace veraz la imaginación del comunismo". De hecho, "la ontología spinoziana no es más que una genealogía del comunismo. Por esa precisa razón, Benedicto continuará siendo maldito". Y muchos otros también, por supuesto.
* Trabajo realizado en base a la exposición en el 3er. Encuentro Campo Social y Producción de Subjetividad. Rosario. Noviembre de 2003.
[1] Diálogo Deleuze-Foucault. En: Microfísica del poder. Bs.As. Ed. La piqueta.
Aguirre J., Bonicatto E. y Ascolani A.: El grito-acción en las calles y en los intersticios del sistema. En: Del silencio al grito. Rosario. Ed. Laborde. 2003.
[2] Ascolani A. y otros: La novela de occidente. Rosario. Laborde y Arcasur. 2000.
[3] Ascolani A.: Psicología institucional. Sus conflictos y sus cambios. En: Derivas...de la psicología al análisis institucional. Rosario. Ed. del Arca. 2da. Edición.
[4] Guattari F.: Psicoanálisis y política. En: Política y psicoanálisis. México. Terra Nova.
[5] Ascolani A. y otros: La novela de occidente...cit.
[6] Anderson P.: Tras las huellas del materialismo histórico. Bs.As. Siglo XXI.
[7] Guattari F.: El capitalismo mundial integrado y la revolución molecular. Traducción de la Cátedra de Institución y Sociedad. Facultad de Ciencia Política y RR.II. UNR. También en: Cartografías esquizoanalíticas. Bs.As. Ed. La Marca.
[8] Guattari F. y Negri T.: Las nuevas alianzas. En: Cartografías esquizoanalíticas. Bs.As. Ed. La Marca.
[9] Negri T.: Decidir un sujeto. En: Anales del Seminario de Metafísica (Sin otras referencias) (Se puede ver en Internet, páginas de Toni Negri).
[10] Deleuze G. y Guattari F.: Mil mesetas. Valencia. Pre-textos.
[11] Negri T.: Spinoza subversivo. Madrid. Ed. Akal.
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