Campo social y constitución de la subjetividad *
No sé si me estuve angustiando porque ya me tocaba hablar luego de las exposiciones anteriores, o tuvo que ver con éstas, que nos llevaron del psicodrama, al drama y a la tragedia.
No quisiera banalizar lo que puede afectarnos la tragedia, que remite a un real, ni lo dicho por los colegas, que ha sido muy consistente, pero no quisiera seguir en esa línea, porque sumado a ciertos componentes de mi personalidad, podría hacer que tuvieran que sacarme de quien sabe qué pozo.
Con respecto a la presentación, como he visto caras extrañadas por la referencia final de ser director de la «República de Pichincha», les diré que Pichincha fue un famoso barrio prostibulario y de diversas actividades relativas al espectáculo hasta los años 30 y ésta es una Revista que producimos y hacemos circular por el barrio. Viene al caso, para continuar con lo dicho por Daniel y Marta sobre los bares y por otro lado por identificación con el colega que criticó una referencia quizás descalificadora de las acciones de los años 60-70, les diré también que los que hacemos Sudestada y la República, nos definimos como bohemios, bolicheros y setentistas. Esto último porque reivindicamos los ideales de esos años, aunque hemos sido duros, antes y ahora, con respecto a la estrategia que resultó un fracaso. Creo que es realmente criticable la posición de muchos intelectuales que se dicen progresistas, que descalifican todo y con ello se colocan en una situación de correlación con aquellos a quienes les interesa reprimir toda posibilidad de rescate de la memoria. Y nos decimos bohemios y bolicheros porque leemos, escribimos, discutimos y producimos en los bares de Pichincha, que son tranquilos y hermosos. Y cuando no tenemos más remedio, vamos a otros territorios donde el trabajo no es tan placentero.
Bien, respecto del tema le diré que cuando recibí el programa, vi la cantidad de trabajos y exposiciones que se deplegaban en toda su superficie. Perdido en el pequeñísimo lugar que ocupa en esa multitud abigarrada y heteróclita, encontré mi nombre luego de buscarlo un rato.
Medio perdido frente al papel, como aquí entre ayer y hoy. Debía elegir uno entre siete espacios de trabajos simultáneos, sabiendo que podría participar en una pequeña porción de esta multiplicidad de producciones.
En una fugaz fracción de tiempo se me ocurrió pensar que quizás podrían conseguirse luego las grabaciones u escritos de otros o aún de todos, sabiendo además que si así fuese y en el mejor de los casos, quizás leería luego sólo algunos. Era esa necesidad de sentir que uno poseerá de algún modo, todo el conocimiento aquí deplegado.
Por suerte eso suele pasar cada vez más rápido y dar lugar a esta realidad que por otro lado refracta tantas otras, porque sólo podemos encontrarnos con algunos pocos brotecitos, en tanto aquella deviene con una complejidad inabarcable en ese escondido rizoma que la constituye.
Para colmo, no puedo pensar que sea una parte de un todo que se cierra en algún lado, sino un fragmento del fluído movimiento de un espacio-tiempo continuo extendiéndose al infinito.
¿De dónde vienen estas producciones que aquí estallan en un fugaz momento como fuegos de articifio que iluminan la noche y adonde irán luego en su inacabado e inacabable proceso?
Por lo tanto, debo admitir que sólo puedo hacer aquello que narra un episodio que algunos atribuyen a Guattari y otros a Deleuze y que quizás participe ya del orden del mito, aunque eso no le quita valor, cuando alguien preguntó como leer el Antiedipo y la respuesta fue tomar el texto, abrirlo al azar, arrancar la hoja que apareció allí, y decir, puede comenzar por acá.
Quizás quien hizo ese pedido vio en su interlocutor a un maestro, pero lo que él respondió es, que su camino no está para ser recorrido como un compuesto coherente y cerrado, al que hay que seguir en su totalidad, porque él debía abrir aquel que sería su prpio camino. Podría encontrar incentivo en unas pocas palabras, pero debía abrir el propio.
Por lo tanto, como dice alguien por ahí, en cuando al conocimiento, salen sobrando alumnos y maestros. Libros, maestros, escuelas y grupos, son apoyos que pueden servir en tanto que uno esté dispuesto a trabajar con acciones concretas en las que esté comprometido con su cuerpo en la inagotable tarea del conocimiento1.
Esto me recuerda otro episodio que restó sin dilucidar y que sucedió hace algunos años con motivo de una mesa de homenaje a Guattari. Uno de los expositores comenzó una compleja exposición que en algún momento fue interrumpida por un pedido de aclaración de alguien del público. El expositor contestó que si lo interrumpían no podía seguir pensando.
Luego, otro expositor, comenzó su intervención y reiteró la referencia al anterior como su maestro.
Al finalizar transmití mi confusión (que por otro lado es mi estado natural) en cuanto a que yo venía conociendo los trabajos del segundo desde años antes, en los que fue produciendo ideas importantes a partir de su práctica, del coraje de experimentar, especialmente con los grupos. ¿Pero qué habia ocurrido que ahora él nombraba como maestro a quien yo veía producir en un flujo propio que necesitaba no ser perturbado por la realidad?
Los interpelados no contestaron en esa ocasión y yo no encontré una respuesta tampoco después.
Ahora se me ocurre que estas designaciones obedecen quizás más a cuestiones de afectos, de agradecimientos y de reconocimiento por aportes reales, pero que en realidad no se refieren a la relación entre un maestro que lo sabe todo y un alumno que recibe todo de él, sino a un momento en que un flujo corre hacia un lado y al que seguirá uno que corre para otro.
Quizás el segundo expositor no quiso decir otra cosa, pero yo lo escuché desde mi propia idea de totalidad y mi planteo quizás no permitió explicitarlo.
Por fuera de lo que podría implicar en relación con dos sujetos determinados, esto podría ayudar a pensar el lugar de la producción de conocimientos. Uno que se acercaría al paradigma del intelectual occidental, produciendo sentado en su gabinete, leyendo, pensando, sin comprometer a su cuerpo en ese trabajo. El estilo de Kant, que según dicen se levantaba solamente para buscar su pañuelo a unos metros cuando estaba resfriado. El otro, que se acercaría al paradigma del pensamiento oriental o de ciertas posiciones del pensamiento ancestral americano, que no conciben el camino al conocimiento sino con la participación del cuerpo. Es posible que estos planteos sobre el psicodrama nos acerque a ese lugar, aunque este problema es muy complejo y sería necesario por lo menos señalar que una cosa es poner el cuerpo, dramatizar casi diríamos como un juego libre y sin demasiadas exigencias y otra es el cuerpo que debe someterse a una disciplina en la cual está implicado el logro de la total libertad interior para que se produzca un flujo libre de ideas que supuestamente culmina con la producción que se quiere.
Bien, si la totalidad no está en la suma de trabajos de las jornadas, no está toda ella metida en la cabeza del maestro, ¿habrá una totalidad a la que designemos campo social y otra como subjetividad que sean completamente abarcables?
Pareciera que no, por lo que preferiríamos decir que el campo social no es homogéneo, que no es una objetividad, que no es una totalidad, sino una compleja composición de procesos en movimiento continuo. Lo que no significa que no haya componentes que desde hace mucho tiempo se afirman en esa idea de totalidad, de determinación absoluta de lo social desde un lugar heterónomo, como diría Castoriadis2, o de estructuras y lugares sociales que implican una refracción de esas ideas a partir de los que denomino mitos fundantes y lo que de ellos se deriva en diferentes corrientes de pensamiento y disciplinas en las denominadas ciencias sociales incluído el psicoanálisis. Me refiero sobre todo a los mitos del padre, de las sociedades como necesariamente estratificadas y a la fatal distribución desigual de la riqueza que he tratado extensamente en la libro La novela de occidente3.
Al interior de lo que genéricamente podríamos seguir denominando «campo social», existen territorios, espacios diferenciados, que pueden remitir a las clases y a su vez a sujetos singulares que pueden situarse dentro o fuera de esas categorías.
Nosotros vivimos, realizamos prácticas sociales, pensamos la sociedad desde lugares que implican siempre cierto grado de fragmentación aún cuando no se puede ignorar la tendencia de la mayoría a pensar esos inevitables sesgos parciales de la mirada como abarcando la totalidad.
Podríamos consignar como ejemplo, por lo menos lo que sucede en nuestro medio, el caso de los análisis sobre nuestra sociedad por parte de especialistas, medios de comunicación o gente en general. Me refiero a aquella gente con las que nos cruzamos, que no es toda la gente.
Esos discursos y dichos en general son muy pesimistas, acentúan la imposibilidad de luchar contra ese monstruo como puede ser el mercado, la globalización o el neoliberalismo.Si bien no puede decirse que no remitan a cuestiones de la realidad, aparece ahí un matiz que tiene que ver con la lectura desde el lugar de una clase en caída. Lectura que, al pensar su realidad como la realidad total, se constituyen en portadores de un mensaje negativo.
Lo mismo podría decirse sobre ideas que van adquiriendo el carácter de mitos, más que de afirmaciones ciertas, como son las afirmacioanes sobre la aldea global, sobre las transformaciones en la subjetividad por los medios de comunicación. Esos factores están y seguirán su desarrollo seguramente. Pero, como decía Atilio Borón hace unos días, hay que considerar también que la mitad de la población mundial nunca ha hablado por teléfono. Ni qué decir de quienes no tienen o ni siquiera tienen alcance a una computadora. Sólo ejemplos puntuales de que la realidad no condice con esos mitos de la totalidad homogénea.
Si somos concientes de esa tensión permanente entre totalidades formales y fragmentaciones reales, que también podríamos situar en la oposición, entre pensamiento globalizador o único sobre los sujetos y los consecuentes factores de subjetivación y aquel que plantea el pensamiento de la diversidad, de la diferencia, de la singularidad en esta compleja composición de territorios existenciales, las preguntas sobre los movimientos sociales como agenciamientos colectivos de subjetivación y enunciación se debe extender a qué modos de subjetivación y enunciación producen. La respuesta es que aquí también necesitamos pensar las diferencias.
Más allá de las diferencias en cuanto a de qué sujetos se trata, de sus reivindicaciones y objetivos, hemos observado también que un movimiento ecologista por ejemplo tiene componentes de clase media en mayor medida que un movimiento de villas. Consecuentemente, quizás esos componentes de subjetivación tengan matices diferenciados.
Sobre estas cuestiones existen planteos conceptuales sobre todo de Félix Guattari en los que casi siempre se desenvuelven en articulación con el nivel de lo político: El inconsciente esquizoanalítico y la revolución molecular, el capitalismo mundial integrado y la revolución molecular. Es decir, lo conceptual y lo micropolítico.
Al respecto nos interesa pensar sobre todo el costado de la política porque en muchas ocasiones se ha colocado como un barrera la cuestión de la dispersión de los movimientos sociales. Creo que en esto sería bueno retomar planteos como los de Perry Anderson cuando se refiere a la miseria de la estrategia en la política, dado que no se puede pensar ya en un sujeto de la historia, sino de muchos sujetos que deben contar para componer una nueva estrategia4. Pero también podemos pensar que hoy, a partir de las relaciones en red, de acontecimientos como los de Seattle y los que le siguieron, los de encuentros que culminaron en Porto Alegre, de las tareas que se están realizando en el ámbito de ATTAC, y tantos otros que van adquiriendo gran volumen, aunque el tamaño no es lo que define la diferencia entre macro y micro, ese planteo estratégico no resulta tan imposible. Aún cuando no podemos menos que recordar lo que nosotros denominamos el enemigo interno5, y lo insistido tanto por Félix Guattari en el sentido de que es necesario analizar las catexias de deseo que muchas veces aparecen como reaccionarias en oposición a las catexias de interés que puede ser muy revolucionarias6.
Creo que esta cuestión puede pensarse también desde la idea dela distribución diagramática del poder en tanto éste, si bien se piensa en el imaginario social como un centro al que supuestamente están supeditados todos los componentes y espaciosorganizados de la vida social, en realidad se encuentra presente en todos ellos y aun en los intersticios, de tal manera que se hace posible analizarlo y atacarlo si fuese necesario, en cualquier lugar7.
Por lo tanto estamos en la tarea de pensar esos innumerables territorios de lo social y sujetos que en ellos viven y toman opciones de participación, pero sobre todo poner el cuerpo en el seno mismo de esas instancias.
En nuestro caso, no se trata de incluirnos como vanguardia que la tiene clara, porque nos hemos llevado muchas sorpresas en el encuentro con un pensamiento creativo y de impresionante lucidez , no ya en los movimientos más conocidos sino en grupos de mujeres de villas y en cartoneros que en muchos casos se correlaciones sorprendentemente con planteos teóricos y los autores que nosotros estudiamos.
Hace un tiempo, un conocido de la CTA en una conversación, decía con referencia a los movimientos sociales y sobre todos las acciones anticapitalistas, «Ché loco, te acordás de cuando Alberto nos hablaba de Guattarí, viste que ahora lo estamos haciendo sin haberlo pensado y muchos sin conocerlo».
Bien, creo que estas experiencias han sido acontecimientos para nosotros porque vimos que no estamos pensando situados en la luna de valencia, pero sobre todo que nosotros no nos hemos anticipado a la realidad, sino que ésta nos atravesó como a tantos otros que se hallan en las antípodas respecto del pensamiento que remite al mundo intelectual.
Retomo acá lo dicho en un trabajo anterior: «De una u otra manera, esos sujetos colectivos dijeron y dicen a los detentadores y legitimadores de discursos dominantes: nosotros ya no creemos en lo que ustedes han establecido como verdad, nosotros no somos los sujetos que ustedes dicen que somos, somos otros, nuestra referencia es un mundo otro.
Con esto fueron operando un doble movimiento de producción de subjetividad y de enunciación: la realidad puede ser pensada de otra manera, nosotros somos, deseamos, decimos y actuamos según otro parámetros.Ustedes dicen que no somos virtuosos y nosotros decimos que nuestras virtudes son otras.
Pero no nos confundamos, estas fragmentaciones, estos procesos que a veces parecen islotes, no implican diferencias inorgánicas, sin relación o sentido. No tienen nada que ver con el pensamiento posmoderno del «todo vale», ni de la fugacidad, ese nuevo mito.
Acá se observa también un doble movimiento: por un lado la posición de sujetos diferentes, no cerrados, en procesos de autoproducción, en la afirmación de identidades en devenir, pero a su vez existen coincidencias en cuestiones fundamentales: son grupos horizontales, afirman los valores de solidaridad, de cuidado por cada uno y por los otros, afirman la creación, la aceptación de las diferencias hacia su interior y hacia afuera. Sujetos en los que las relaciones entre igualdad y diferencia se da en forma original».
Esos sujetos escuchan , piensan, dicen y hacen. En ese sentido no tengo la preocupación de Tato, quien planteó el interrogante sobre qué escucharán los psicoanalistas de lo que nosotros decimos tomando la terminología Deleuziana. Creo que si los psicoanalistas no entienden, ello no es por falta de capacidad, sino porque están defendidos contra un pensamiento que les puede conmover sus seguridades. En Tato tal vez eso sea atendible porque él debe tratar más con ellos, y como eso no es mi caso , yo no me preocupo.
Por último, como acá se ha insistido en muchos casos en colocar a todos en el plano de la impotencia y consecuentemente a estos grupos y movimientos sociales, creo que hemos mostrado que no es real y que ello parte de una evaluación equivocada. Además, esa preocupación por lo micro y la supuesta falta de un programa general, yo les pregunto qué significa entonces la acción de los movimientos anticapitalistas en los que participaron cerca de 300 movimientos sociales y otras organizacioanes, que en sucesivas acciones, penetraron y neutralizaron las defensas del aparato militar represivo más sofisticado.
Hay algunos trabajos que hemos hecho sobre estas cuestones que a quienes se interesen, se los podríamos hacer llegar. En realidad, como algunos quizás hayan pensado, esto no sería más que un diagrama de cuestiones a trabajar. Otros podrán haber pensado que son dichos un poco delirantes, pero esa no es mi preocupación, sino la de encontrar uno que adhiera, porque como dicen por ahí, el delirio de uno se convierte en teoría cuando son dos. Otros, desconfiados, dirán, sí, pero eso puede ser una folie a deux. En ese caso, me gustaría que fueran por lo menos otros dos. Y los desconfiados podrán decir, sí pero eso puede ser un menage a troix, pero bueno, eso sería más entretenido y parte de otra historia. Aunque creo firmemente que seremos muchos más. En ese caso, lo que digan los desconfiados ya no interesa.
Alberto Ascolani
Rosario-Bs.As. Junio del año 2001
Trabajos del autor o en colaboración, relacionados con este tema::
- Democracia, ciudadanía, exclusión: En Derivas...de la Psicología al Análisis institucional. Rosario. Ed.de la Sexta. 2da.Edición ampliada. 1996.
- Sobre viejos, nuevos y únicos pensamientos (en colaboración con Alicia Gallegos): en Revista Sudestada N° 3. Rosario. 2000.
- Cultura y política: En Revista Diosa Episteme, del Círculo de Epistemología de Rosaro. 2000.
- La novela de occidente. Rosario. Ed. Laborde y ArcaSur. 2000
- Constitución de la subjetividad y movimientos sociales. Simposio sobre Pensamiento contemporáneo. UNR. Junio de 2001. (Inédito).
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