CULTURA Y POLÍTICA
Ensayo ficción
1. La política y lo político
Se nos sugirió hacer una reflexión sobre la política y lo primero que surje es el interrogante sobre el espacio que ésta ocupa en la vida social.
En general se ubica a la política en el plano restringido de la acción explícita de partidos y gobierno.
Por otro lado existen actividades que se ha intentado diferenciar de la política, como son la actividad cientítica, la de los profesionales y otras. Sin embargo hoy, ya es difícil sostener esa diferencia porque toda actividad social tiene connotaciones e implicancias políticas, por lo que, esas afirmaciones operan en realidad en casos como denegaciones y en otros como verdaderas renegaciones instalándolas en este caso en el nivel de posiciones perversas que afirman y niegan al mismo tiempo.
Es con objetivo de terminar con algunos "malentendidos", que se hace conveniente realizar algunas precisiones.
Las sociedades se desarrollan y por lo tanto cambian. Ese desarrollo-cambio puede ser progresivo o regresivo según combinaciones diversas de las instancias que funcionan al interior de esas sociedades y otras que lo hacen desde el exterior. En estos momentos asistimos a un cambio regresivo en el plano de los derechos de las personas, a la pervivencia sin cambio de mitos fundantes que participan en la constitución de sociedades, instituciones y sujetos y también al cambio intenso y progresivo de ciertas formas tecnológicas 1.
El cambio siempre implica la creación cultural como instituyente, lugar donde ubicamos el campo de lo político.
Eso político-instituyente, fluye, se mueve, produce sin que nunca pueda ser capturado totalmente por la institución. Hablamos de las nuevas formas de la familia, de la producción de objetos culturales, de nuevos sujetos y movimientos entre muchos otros. Esa producción es diagramática y a menudo corre por causes autónomos respecto del poder jurídico-político2.
Pero ocurre que en las sociedades con fuerte desarrollo institucional jurídico. La institución, como campo de la política, tiende a capturar en su mayor extensión lo que se produce en ese otro campo de lo político-instituyente.
Por ello, siempre se produce un desfazaje entre el momento de la innovación socio-cultural y el de su inclusión en el nivel de la ley jurídica.
Ese movimiento es interesante de pensar porque la institución puede incluir cambios, pero siempre es necesario estar atentos a la operación de la "ley de equivalencia", por la cual el Estado, intenta siempre tornar lo diferente en equivalente a sus formas3.
El problema es que en las últimas décadas se ha ido operando una descalificación del lugar de la política explícita, debido a lo que aparece en la figura de la corrupción, tanto en su sentido lato como también en un sentido extendido al abandono por parte de los políticos de banderas y proyectos que enuncien, sean coherentes y sostengan en lo concreto las reivindicaciones del pueblo.
En este punto surje un malententido fundamental, porque en el imaginario social, sostenido por diversos atravesamientos de los discursos del poder, la corrupción aparece como efecto de la acción desviada de ciertos sujetos, cuando en realidad ella es inherente al sistema.
El mecanismo básico de este efecto estriba en que, siendo la ganancia el axioma generador de toda acción posible en el sistema, y no estando la promoción-ascenso social y económico totalmente pautada, con la acción combinada con el mecanismo perverso de transgresión-afirmación simultáneos de la ley, lo que se produce es la necesariedad de la corrupción como proceso.
En fin, visto en otra perspectiva, se puede corregir la acción corrupta de determinados sujetos, aún colocados en posiciones preeminentes, como los funcionarios, pero lo que no puede corregirse es la corrupción misma por ser inherente a un sistema que la necesita para su supervivencia.
Esa descalificación de la política, ha originado por otro lado el descreimiento por la vigencia de la ley, en tanto ésta depende de funcionarios corruptos que la ejecutan.
Quizás el poder que aún no está totalmente descalificado sea el poder judicial, aún cuando ya casi nadie duda que en realidad el mismo no se halla en crisis, sinó que está totalmente estallado4.
Etica versus política.
Estos procesos han ocasionado como consecuencia la caída del lugar de la ética en la política. Consecuencia no casual, dado que en las décadas que transcurrieron desde los años treinta por lo menos en adelante, se han ido imponiendo teorías, a veces implícitas y otras no, sobre la relación entre ética y política.
Tomaría como analizador aquella anécdota que cuenta que Yrigoyen, al ser advertido que si no negociaba, sería expulsado del gobierno, el respondió: "Que caigan 100 gobiernos, pero no los principios". Si tenemos en cuenta la vida de la organización política a la que aquel pertenecía, en otra punta, casi sesenta años después, encontramos el caso de Alfonsín, quien en la misma alternativa, renuncia a los principios (Semana Santa, punto final, obediencia debida) y para colmo pierde el gobierno.
En otro sesgo, es interesante analizar la vertiente que se inicia con los golpes militares de los 30 y 40 y que van dando lugar a la idea de la preeminencia de la política sobre la ética. Proceso que se potencia y se hace explícito en Perón, quien lo afirma taxativamente. El impone lo que he llamado "ética del guiño", una forma de una ética perversa. Es interesante que Perón la haya puesto en acto en escenas públicas, como aquella vez que en reunión con representantes de la Juventud Peronista, les dice sonriendo que se van a realizar ciertas acciones, pero al mismo tiempo les guiña un el ojo, sugiriendo con ello que eso que afirmó verbalmente, no se realizará.
Esto es coherente con su ideología de la construcción y conducción política, basada en su concepción del partido político como organización militar verticalista.
Recordemos de paso que su primera propuesta sobre el partido fue designarlo "Partido de la Revolución Nacional", nombre del partido fascista italiano. Luego desistió del nombre pero no de la estructura.
Esta coherencia de una lógica interna siguió funcionando hasta el partido de Menem y el actual, en el que los objetivos de la política, van de hecho, aunque no de derecho, más allá de condiciones mínimas de la ética.
Lo ganado y lo perdido
Perón es puesto por un gobierno militar y su acción tiende a un doble movimiento: dar al pueblo beneficioes materiales y crear una conciencia política de los derechos, por otro lado, desarrolla una organización cuyo destino es la captura del imaginario social en las redes de esa máquina productora de un efecto de alienación política inéditos en nuestra historia.
Perón mismo dijo que el pueblo argentino tenía conciencia política pero que no había desarrollado una cultura política. Eso era exacto, pero lo no dicho era que, quien más hizo para que esa cultura no se desarrollara fue él mismo.
Recordemos aquel episodio en que Eva Perón dice a los concurrentes a un acto algo así: "Vayan a sus casas y no se detengan a escuchar a los perros que ladran". Interesante calificación de los opositores como animales a quienes se les niega una condición de humanidad. Esta recomendación condice también con aquella: "De casa al trabajo y del trabajo a casa". Es decir, trabajar y vivir en familia y no escuchar, no ver y no hablar de la política porque eso es prerrogativa absoluta del líder. Si eso no implicaba una máquina de fuerte represión de la posibilidad de la producción de una cultura política por el ciudadano, no sé de qué estamos hablando.
Una anécdota personal fue la que me brindó la posibilidad de liberarme de esas constricciones y dice con meridiana claridad algo de lo que ocurrió con nuestro pueblo. Eran las postrimerías de los años cuarenta, cuando la Fundación Eva Perón había enviado ropa y otros elementos a mi escuela. Yo, dado que nuestra condición económica era muy difícil, le pregunté a mi padre si podía ir. El me respondió: "Si querés podés ir, pero si lo que te den será a costa de tu palabra, nunca habrás perdido demasiado".
Así es, el pueblo accedió a una condición más digna en lo material y eso fue justo y valorable, pero el empobrecimientro de su cultura política fue tal, que hoy, cincuenta años después podemos decir que sí, que quizás hemos perdido demasiado.
Resistencia y construcción.
Las últimas décadas nos muestran una nueva resistencia del pueblo. Ya no aquella que clamaba por el regreso del líder dador absoluto, sino una resistencia que es la de sujetos que dicen en primer lugar que no creen en los parámetros del discurso dominante y que se posicionan desde el llano, desde sus propios lugares, desde su cotidianidad y producen efectos desde ese lugar de lo político, desde un lugar instituyente, de lo todavía no incluído en los estatutos jurídicos. Y crean cultura, producen acontecimientos, se autoproducen y van construyendo nuevas formas de hacer política. Esas nuevas formas incluyen de hecho, algo fundamental a introducir en los sistemas políticos democráticos: la articulación entre igualdad y diferencia. Es necesario sostener la idea de igualdad de derechos de todos los ciudadanos y a su vez el derecho a la diferencia, figura que debería integrarse con nuevas formas en el estatuto jurídico, dado que ahí apuntaría la superación del defecto actual del sistema, dado que la diferencia en los sujetos es absorbida por el estatuto del político, el cual a su vez aplana esas diferencias y le resta derechos a aquellos.
El gran problema hoy estriba en el interrogante: Cómo lograr que estos nuevos sujetos, a su ocupación de esos territorios diagramáticamente distribuídos en el suelo social, se le articule algún tipo de organización que les permita su ingreso al mundo de la política, superando el sistema de representación actual, que constituye una rémora igualmente negativa de los privilegios aristocráticos de la sociedad antigua. Porque hoy, para cualquiera que quiera pensar un poco, resultará claro que las investiduras, los fueros y las partidas reservadas no son sino la supervivencia del pensamiento teológico-aristocrático de aquella sociedades.
Entonces, qué hacer para que una organización política pueda garantizar una continuidad entre las instancias de debate, deliberación y decisión del pueblo y las instancias de conducción institucional.
Es interesante constatar que las respuestas van surgiendo desde el seno mismo de los movimientos, ya que los sectores dominantes se están mostrando vacíos de ideas.
En nuestro país ese movimiento tiene sus facetas. Desde los movimientos existe ese trabajo, tendiente a diferenciar formas de promoción de sus objetivos por sí mismos y en cuando a su inclusión en el terreno institucional-jurídico.
Por otro lado desarrollan y se suman a iniciativas de cambio en el sistema político, como es el caso de las propuestas sobre el "presupuesto participativo", cuestión que tiene alcances importantes, dado que es una manera de acercar la democracia a un lugar donde no ha llegado: al del despotismo económico-financiero que nos gobierna.
En fin, una organización como la CTA, viene trabajando desde hacer algunos años en el tema del nuevo pensamiento y su oposición a las tesis del pensamiento único5.
Precisamente el tema de los jornadas del 2000, es Movimientos Social y representación política.
El enemigo interno.
En el trabajo recién citado ya habíamos insistido que este cometido sigue siendo extremadamente dificultoso porque en estas cuestiones la claridad ideológica no es suficiente si no existe también una clara disposición al análisis de los microfascismos que conviven con posturas progresistas.
Es la contradicción entre las catexias de interés progresistas y las de deseos reaccionarios en los grupos militantes de diferentes épocas, las que en muchos casos ocasionaron derrotas, por caer dichos grupos en situaciones de espejo con quienes situaban como enemigos6.
Por lo tanto, creo fundamental la formación para el conocimiento de esos mecanismos contradictorios y el propósito convencido de sostener un trabajo continuo de análisis de las contingencias políticas concretas a efectos de sostener la posibilidad del triunfo del deseo de cambio real, frente al trabajo de los mecanismos del poder hegemónico que seguirá intentando la restauración de los categorías imaginarias de las sociedades antiguas y sostener las que siguen vigentes.
Creo en fin, que no debe ser muy errado pensar que solo el trabajo continuado y confiado en la realización de esta nueva conjunción entre lo político y la política dará posibilidades al futuro.
Alberto S. E. Ascolani
Rosario, octubre 1 del año 2000.[PAA1]
Notas.
1. Ascolani A. y otros: La novela de occidente. Rosario. En preparación.
2. Castoriadis C.: El hombre fragmentado. Buenos Aires. Caronte.
3. Luorau R.: El análisis institucional. Buenos Aires. Amorrortu.
4. Ascolani A. y otros: Discurso jurídico, instituciones subjetividad. En: La novela de occidente. Cit.
5. Gallegos A. y Ascolani A.: Sobre viejos, únicos y nuevos pensamientros. Presentación a las Jornadas del CTA de 1999. Buenos Aires.
6. Deleuze g. y Guattari F.: Psicoanálisis y política. México. Terra Nova.
CULTURA Y POLITICA
Ensayo ficción
Revista DIOSA EPISTEME
Diciembre del año 2000
N° 6
Rosario
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